Limoux: tierra de leyenda
En la abadía de Saint-Hilaire, cerca de Limoux, se creó el primer vino espumoso del mundo en 1544. Un monje, con suerte, ingenio o astucia, según el punto de vista, ponía el vino Blanquette en un frasco antes de que terminara su fermentación. Así, continuó en la botella, creando burbujas, sin que los monjes lo supieran. Por lo tanto, Limoux puede considerarse con orgullo la cuna del vino espumoso.

Historia: La Famille Antech
Durante siete generaciones, la FAMILIA ANTECH ha cultivado con pasión los Grandes Vinos Espumosos en las laderas de Limoux. Françoise, Georges, Baptiste, Zélie, Jules, Eugénie, Marguerite, Edmond Georges o incluso Roger son figuras que, a lo largo de las décadas, han contribuido con su energía a la creación de un saber hacer excepcional, transmitido de generación en generación. Las mujeres siempre han desempeñado un papel central en esta épica familia, demostrando una fuerza de carácter que es parte integral del estilo y el ADN de ANTECH.
Viñedo
Desde 1860, la familia Antech cultiva la tierra de Limoux, un terroir único donde la frescura de los Pirineos se mezcla con un clima mediterráneo. Ubicados a 400 m de altitud, sus viñedos disfrutan de condiciones ideales: drenaje natural, importantes variaciones de temperatura entre el día y la noche, y la frescura de las laderas nevadas de los Pirineos hasta mayo. Estos factores promueven la vitalidad y la tensión necesarias para producir sus grandes vinos espumosos. Dedicada a la agricultura ecológica desde 2020, la familia prefiere una agricultura respetuosa con el medio ambiente, gracias al viento omnipresente en las laderas. Sus esfuerzos también se centran en el desarrollo de la uva Mauzac, perfectamente adaptada a este microclima, y en la diversificación de sus cultivos, como la adquisición de un olivar en 2023.

Una filosofía reflejada y sostenible
Françoise y Baptist combinan tradición e innovación en su trabajo cada año, adaptando sus conocimientos centenarios inspirados en sus viajes a regiones vinícolas conocidas por sus vinos espumosos. Prefieren un enfoque minimalista, buscando que el terroir se exprese naturalmente sin intervención excesiva. Para garantizar la calidad de las uvas y preservar su frescura, la vendimia se realiza exclusivamente a mano, lo que garantiza una cosecha artesanal y permite conservar las características auténticas del vino.
El proceso de elaboración del vino comienza con un prensado lento y delicado, que permite extraer un mosto brillante, en el que cada variedad (Mauzac, Chardonnay, Chenin, Pinot Noir, etc.) se vinifica por separado a baja temperatura.
Tras un invierno sobre lías y un ensamblaje preciso, las cosechas se envejecen durante largos periodos para revelar toda su complejidad. Cada cuvée es ahora añada, lo que ofrece a cada botella la oportunidad de reflejar la historia del año del que procede. Finalmente, se aplica una dosis mínima, o incluso la ausencia de dosificación, para realzar el vino y permitirle expresar plenamente su terroir.









